Chata
El fin de semana pasó una situación bastante desagradable que me reveló algunas cosas: mi tolerancia llegó a su límite y que mi grupo de amigos ya está totalmente definido.
Sí, porque me di cuenta que se confunde amistad con muchas cosas, en especial con obligación de tal o cual cosa. Sí, porque si a mí me da la gana por ayudar a alguien y aperro lo más posible (obviamente a veces el cansancio vence y hay que apartarse para no estorbar), que alguien venga a exigirme cumplir con otra que es un carrete nomás es demasiado. En especial cuando esos exigentes son los menos comprometidos a la hora de hacer cosas realmente importantes.
No fue una cosa directa en contra mía, pero sí contra mi mejor amiga, y me molestó, me enfureció y me reveló que aún le falta mucho que crecer a algunas personas, aunque en su discurso se las den de adultos. Ya con el jugo qe dan todo el día me basta y me sobra para captar que aún no asumen el momento del jugo y el momento de ser serios.
Alegaron que lo habían preparado con tiempo (como si las cosas que preparamos nosotros no las preparáramos con tiempo), que no se avisó que ya no se alcanzaba a ir (como si ellos avisaran cuando a última hora se les olvida que tienen que aparecerse y nos dejan con un problema importantísimo que hay que solucionar sí o sí, ¿y creen que eso les importa? No, pues, total, las cosas que hacen ellos no más son las importantes, el resto no). Despotricaron y trataron mal a mi amiga. A la cresta se van, me aburrieron.
Lo que es yo, tengo la lista definida de mi gente para mis futuros carretes en mi futura casa. Y son contaditos con los dedos. Un requisito: no ser jugoso.
Claro que voy a tener que armarme de paciencia para los eventos. Tolerar nomás, pero ya dije una vez que no seré mártir de ninguna situación. Al primero que me lesee, le va a llegar. Así de simple.
Ah, por fin saqué la rabia.
Nos vemos.
Yami